El proceso de FIV

En primer lugar es necesario comprobar las indicaciones para llevar a cabo el tratamiento y la inexistencia de contraindicaciones. El abanico de pruebas que pueden llevar se a cabo es muy amplio, por lo que será el ginecólogo especialista en reproducción quien decida qué pruebas son necesarias y el orden en que deben realizarse. Estas pruebas servirán para determinar en muchas ocasiones el motivo de la infertilidad, aunque a veces no es posible y se clasifica como infertilidad de origen desconocido o idiopática.

Una vez llevadas a cabo las pruebas necesarias, se establecerá la técnica en concreto que se va a llevar a cabo, así como el protocolo de medicación necesario. Aunque técnicamente sería posible realizar una FIV sin medicación, a la práctica resulta totalmente imprescindible para obtener buenos resultados. Uno de los factores más importantes para el éxito de un proceso de fecundación in vitro radica en poder elegir el o los embriones con mayor potencial de implantación. Si a ello añadimos que ningún paso tiene una eficacia del 100% (no todos los óvulos son maduros, no todos fecundan correctamente…) es evidente que necesitamos partir de un buen número de óvulos para optar a los mejores resultados posibles.

La estimulación ovárica tiene pues como objetivo que en un ciclo en concreto se madure más de un óvulo en los ovarios de la mujer. Para conseguirlo existen distintas pautas de medicación, pero la más habitual consiste en un protocolo con dos o tres fármacos, administrados diariamente durante un período de 10-12 días.

El crecimiento folicular se controla mediante ecografía y opcionalmente mediante analítica de sangre. Cuando el crecimiento es máximo pero antes de la ovulación, se procede a la recuperación ovocitaria. Los óvulos se encuentran aún en el interior del ovario, y mediante un proceso quirúrgico ambulatorio bajo sedación son recuperados y observados en el laboratorio.

Una vez obtenidos los óvulos, estos son fecundados y los embriones resultantes se observan en el laboratorio. Esta fase, denominada cultivo embrionario, se puede prolongar desde los 2 a los 5 o 6 días. El tiempo en concreto se decidirá en función de las circunstancias de cada pareja, pero en cualquier caso el objetivo es siempre el mismo: elegir el mejor embrión o embriones para su transferencia. El resto de embriones con buena morfología pueden ser congelados (criopreservados) para futuras transferencias en caso de ser necesario.

La transferencia embrionaria es un proceso habitualmente muy sencillo, indoloro y rápido. El objetivo es transferir el o los embriones que se encuentran en cultivo al interior del útero de la forma más cuidadosa posible.